Mucha gente que nunca ha probado la cocina japonesa piensa que, por proximidad geográfica, tiene que parecerse a la china. Esto no es así, puesto que las dos culturas son muy distintas y también lo son sus costumbres alimentarias. También existe el estereotipo de que los japoneses basan su alimentación en el pescado crudo, lo que es igualmente falso porque aunque el pescado crudo -el sashimi- sea un delicioso plato muy apreciado, no deja de ser solamente uno más de los platos típicos japoneses.

La japonesa es una cocina milenaria, rica en productos frescos y que ha aprendido a usar las grasas en su justa medida. Su cocina proporciona a los japoneses una dieta muy equilibrada que no tiene nada que envidiar a la mediterránea. La población japonesa es la más longeva del mundo y en ello influye sin duda su alimentación, basada principalmente en productos frescos y que deja atrás las comidas pesadas y los alimentos grasos. Otro dato a tener en cuenta es que los ingredientes se cocinan muy poco, lo que ayuda a mantener todas sus propiedades.

La cocina tradicional japonesa procura que en cada comida haya pequeñas cantidades de alimentos de todos los reinos: verduras de hoja, algas, raíces, troncos, frutos, semillas, pescado, carne, arroz. Se presta una atención especial a la presentación de los alimentos y a que el servicio y el ambiente del local contribuyan a hacer de la comida una experiencia placentera y relajante.